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trata de una reserva única en su tipo:
áreas protegidas deben representar la
diversidad de ambientes existentes en una región.
En el caso de la Reserva de Pizarro se trata del
único sitio bajo protección en el
que está representada la transición
entre la selva pedemontana de Yungas y el bosque
del Chaco Semiárido. Estas dos regiones
son hoy las más amenazadas por el avance
de la frontera agropecuaria. Vale la pena mencionar
que, solamente en los departamentos de Libertador
Gral. San Martín y Anta (donde se encuentra
la Reserva de Pizarro) la tasa anual de desmonte
triplica la media mundial.
Debe ampliarse
el área protegida de este ecosistema:
sola existencia de la
Reserva de Pizarro no alcanza para asegurar la
representación de la transición
de las Yungas hacia el Chaco Semiárido
en el largo plazo, por lo tanto, esta escasez
de áreas representativas bajo condiciones
de preservación tornan mucho más
valiosa la conservación de la Reserva de
Pizarro.
Reserva de Pizarro debe ser restaurada:
Se ha justificado la desafectación de la
Reserva porque la misma se encuentra "degradada".
Esta argumentación es perversa ya que su
degradación ha sido responsabilidad del
estado provincial y representa un evidente descuido
de los deberes de los funcionarios. Ahora el mismo
Estado,
argumentando la degradación del área,
decide destruirla definitivamente.
La degradación del área no es una
argumento válido para condenarla a su destrucción.
La restauración de ecosistemas degradados
son herramientas conocidas y frecuentemente utilizadas.
Existen ejemplos bien cercanos, las consecuencias
de la explotación petrolera en el Parque
Nacional Calilegua fue saneada; el Parque Nacional
El Rey está constituido por bosques secundarios
que se han desarrollado en lo que anteriormente
eran áreas degradadas, etc.
Reserva es un medio de vida para las comunidades
que allí viven:
Su diversidad biológica brinda bienes y
servicios que contribuyen al mantenimiento de
la población. Desde la provisión
de leña (que los pobladores utilizan para
cocinar y calefacción), madera, frutos,
animales para consumo, usos medicinales, recreativos,
etc. Dentro de la Reserva de Pizarro viven campesinos
criollos y aborígenes de la etnia Wichi
que crían sus animales (chivas, vacas,
aves de corral) y cultivan pequeñas parcelas
con maíz, zapallo, y otros productos. Muchos
de estos pobladores serán expulsados (“reubicados”
según la literatura oficial) de los lugares
que habitan
tradicionalmente o en el caso de los criollos
desde hace varias generaciones, para dar lugar
a una actividad que nos es sustentable ni social
ni ambientalmente. Particularmente, los permanentes
traslados y "reubicaciones" que sufren
las poblaciones indígenas en la Argentina
es un factor de desmembramiento de las comunidades
condenándolas a condiciones de vida cada
vez más difíciles.
La Reserva es el hábitat de una importante
cantidad de especies:
Estos bosques, constituyen un hábitat para
una gran variedad de especies, entre ellas el
tapir, el
mayuato y las tres especies de pecaríes.
El loro hablador que nidifica en los bosques "degradados",
representa una opción de uso sustentable
para los pobladores locales. La zona Chaqueña
es hogar del tatú carreta, que se encuentra
en grave peligro de extinción.
El objetivo para su venta no es válido:
El objetivo que ha planteado la administración
salteña para desafectar y vender la Reserva
de Pizarro ha sido destinar los fondos recaudados
por su venta para reparar el pavimento de las
Rutas Provinciales N°5 y N°30. Es inaceptable
esta justificación de corto plazo para
destruir un recurso natural que debiera ser protegido
a perpetuidad. Vale señalar que dichas
rutas son importantes vías de salida de
los camiones con soja desde esa región.
La reparación de dichas rutas debiera sostenerse
por otros medios, incluso, por las regalias que
pagan las principales empresas usuarias de las
mismas.
Su venta genera
un antecedente muy peligroso:
Más allá del valor intrínseco
de las 25.000 hectáreas de monte representados
en la Reserva de Pizarro, su desafectación
y venta constituye un caso inédito en el
país generando una preocupante señal
de inseguridad jurídica para las demás
áreas protegidas en la República
Argentina. La discusión estrictamente ambiental
es superficial en relación al antecedente
que genera en las administraciones provinciales,
los medios y la opinión publica la sola
idea de impulsar el desarrollo local a costa de
la destrucción de reservas y parques provinciales.
Su destrucción
no puede ser compensada:
Se ha propuesto en algunos ámbitos la posibilidad
de compensar la pérdida de la Reserva de
Pizarro con la protección de otras áreas.
Esta opción, aunque en términos
cuantitativos no se pierda superficie protegida,
es muy discutible ya que las reservas deben representar
los ambientes y la
geografía para las que fueron creadas y
no son intercambiables. La escasez de opciones
para la conservación hace que la venta
de áreas protegidas hoy en día,
en cualquier sitio, no sea una opción válida.
La ubicación geográfica de la Reserva
de Pizarro es clave para funcionar como zona de
conectividad para la reserva Los Palmares.
Es un agravamiento de la dramática
situación de los bosques nativos:
La desafectación de la Reserva de Pizarro
es una medida que agrava la situación de
pérdida sostenida de bosques nativos debido
a la expansión de la frontera agropecuaria.
Los desmontes, que ocurren en todo el Norte argentino,
representan una pérdida irrecuperable de
biodiversidad y de los múltiples servicios
que los bosques brindan a la región y el
resto del país: la generación de
empleos sustentables, provisión de agua,
regulación de los ciclos hidrológicos
previniendo inundaciones en épocas lluviosas
y conservado agua en las épocas de seca,
regulación del clima,
mantenimiento de la fertilidad del suelo y la
belleza paisajística. En este contexto
la eliminación de la Reserva es un agravamiento
de esta situación y debilita toda política
que procure frenar la destrucción de los
últimos bosques nativos en la Argentina.
Greenpeace Argentina. Zabala
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